A través del siguiente texto, buscaremos dar respuestas a ciertas interrogantes planteadas en base a la batidora como resultado de un efecto innovador.

En primer lugar, aportamos la definición de la RAE para la batidora: instrumento que mediante movimiento giratorio bate los ingredientes de alimentos, condimentos o bebidas; refiriéndose a batir como la acción de mover y revolver una sustancia para que se condense o trabe, o para que se licue o disuelva.

Es un artefacto que hasta hoy día ha alcanzado un alto nivel de uso y funcionalidad en la cocina y se ha establecido como un producto innovador que aúna diversas funciones en una única maquinaria.

En la siguiente línea de tiempo, nos remontamos a su origen para hacer un recorrido histórico por los artefactos previos.

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Es así como, tras conocer el contexto histórico abordado por la batidora, para llegar a implantarse como el producto culmen de un proceso que responde a una necesidad, nos surgen una serie de incógnitas, a las que buscaremos dar razón de ser a lo largo de este ensayo.

En primer lugar, nos preguntamos, ¿por qué aun con el invento de la batidora eléctrica, los productos que la anteceden no han desaparecido? 

Consideramos que, en instancia inmediata, se trata de un factor histórico y tradicional. Para ello citaremos a John Heskett: “A lo largo de la historia de la humanidad ha habido cambio y evolución en muchos niveles, pero la naturaleza humana se ha mantenido básicamente inalterada. Somos muy parecidos a las personas que habitaron la antigua China, Sumeria o Egipto.

Tal y como lo plantea este autor, “el ser humano crea estereotipos de formas, conceptos fijos acerca de qué formas son adecuadas para cada finalidad, en contrapunto con la capacidad humana para la innovación, adaptando tan estrechamente las formas a las necesidades de las sociedades que llegan a entremezclarse con un modo de vida, como un elemento integrante de sus tradiciones”.

 Estos fragmentos, son nuestro apoyo para plantear que cada utensilio o artefacto antecesor de la batidora eléctrica, ha formado parte de las necesidades del ser humano a lo largo de la historia y las tradiciones culturales no los han desligado de sus funciones natas aun cuando surgen versiones funcional o estéticamente mejoradas.

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Un segundo factor que debemos poner a colación, es la innovación, pues a través de ella, las formas se fueron adaptando, refinando o transformando, gracias a las nuevas posibilidades tecnológicas, surgiendo así nuevos estereotipos tomados como estándar.

Pero, ¿qué es en sí la innovación?

En su definición más simple, es un cambio que introduce novedades.

Es básicamente esta idea lo que nos supone que la batidora es meramente un producto de innovación tecnológica, técnica y de diseño y no un elemento resultante de la evolución, pues no ha ido transformándose gradualmente como un único objeto, intentando suplantar al anterior, más bien se ha incorporado como una pieza nueva que optimiza las funciones de sus antecesores sin hacerlos desaparecer; pudiendo verse como una innovación revolucionaria que supone la mejora de un servicio sin desligarlo de su función original.

Entonces, retomando textualmente nuestra interrogante inicial debemos abrir campo para un debate sobre tres conceptos concluyentes de innovación, los cuales nos aportan en base a características, una respuesta más argumentada, haciendo evidente el salto de un producto a otro.

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Estos son:

-Innovación tecnológica y técnica:

El funcionamiento de una batidora eléctrica comprende una serie de procesos que permiten generar una acción concreta mediante mecanismos de ejecución, dando paso a la implementación de un motor eléctrico, lo cual supone un cambio abismal en el manejo del artefacto respecto a los utensilios previos, pues no requiere de un estricto movimiento manual.

En ese mismo ámbito, podemos ver que gran parte de los modelos de batidoras eléctricas, cuentan con dos manillas de velocidad gradual, cuya función es aportar la consistencia adecuada a los alimentos, a diferencia del mortero y el molinillo que solo cuentan con un elemento batidor.

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-Innovación funcional:

Este tipo de innovación recoge en gran parte el factor intrínseco de la no obsolescencia del mortero, el molinillo y el batidor manual, pues cada uno ha servido para crear al otro, pero no lo ha suplantado gracias a la función eminente que realiza.

Entonces, en teoría todos son distintos funcionalmente sin generar oposición entre uno y otro.

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Conociendo las diferencias que plantean estos dos conceptos respecto a la batidora eléctrica vs sus precedentes, surge un tercero:

-Innovación de diseño:

En este ámbito, la lista de distinciones es amplia, pues existe una estética tan marcada entre un elemento y otro, que podríamos describir cada uno como pieza única.

A modo comparativo, el uso de los materiales, la calidad visual, la forma, la textura, la percepción sensorial, el aspecto ergonómico y la relación del objeto con el usuario varía de acuerdo al artefacto.

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En primer lugar, tenemos el mortero como un utensilio meramente rústico, de aspecto artesanal y manufactura limitada, sin embargo, viéndolo desde el punto de vista de Louis Sullivan, quien plantea que la forma sigue a la función, podemos ver como una necesidad genera un elemento netamente creado para realizar una actividad concreta, destacando la simpleza estética.

En contraposición al mortero, tenemos el molinillo tradicional como un elemento estilizado y de aspecto artesanal muy elaborado, pues podemos encontrar modelos en los cuales destaca la simetría, el detalle y la elaboración minuciosa. Aquí vemos un objeto de ergonomía más interactiva con el usuario, pues la forma definida del mango permite un mayor control del utensilio.

Partiendo de la batidora manual hasta llegar a la eléctrica, vemos objetos industrializados que dejan el factor artesanal atrás e imponen un aspecto moderno con la incorporación de materiales que permiten diversidad de formas y aplicaciones y se adaptan ergonómicamente al usuario e interactúan con él y su necesidad.  Aparece el color y las formas orgánicas como procesos de diseño con la intención de que no sea un objeto meramente funcional sino también atractivo visualmente.

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Es este el origen de una interrogante más.

¿Cómo la batidora eléctrica pasó de ser un simple artefacto de cocina a convertirse en una pieza de diseño?

Gracias a la fusión del arte con la industria como un elemento de transformación social, en donde las piezas resultantes se convierten en iconos, que responden sustancialmente a una necesidad sin dejar de ser un objeto con carácter estético. Por otro lado, no infunde inutilidad a lo meramente artesanal, pero abstrae el factor limitante que surge en el diseño de artefactos de este tipo.

En el caso de la batidora eléctrica, hemos mencionado anteriormente la intervención de Egmont Arens, quien fue el responsable de dar el paso detonante para diseñar un producto de cocina con un lenguaje proveniente de los automóviles, llamado Streamline o Aerodinamismo, el cual tuvo su apogeo en el año 1937 con base en el Art Decó tardío.

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La intención del diseñador era lograr superficies que ofrecieran menor resistencia al avance para aplicaciones ingenieriles, mediante el uso de formas curvas, líneas horizontales largas y detalles cromados, tras lo cual se conseguía dar al producto un aspecto moderno, ligado a la relación velocidad e higiene.

Hasta hoy día, sigue liderando su diseño de batidora eléctrica con una u otra modificación menor, pero en esencia igual, pues el lenguaje atemporal logrado más la estética moderna, indican que es un producto que satisface estética y funcionalmente la demanda social.

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Batidoras KitchenAid. Imagen tomada de http://www.kitchenaid.com

Finalmente, la batidora eléctrica se plantea como un elemento innovador bien diseñado en su generalidad que surge a partir de la necesidad de optimizar una función y facilita una serie de actividades muy concretas con resultados visibles, que, aunque por su aspecto elaborado parece difícil de dominar, permite una interpretación rápida de su manejo, en la que el usuario puede percibir lo que ha de hacer y sabe lo que está pasando; dos puntos claves de un buen diseño establecidos por Donald Norman.

Es así, como desde su invención hasta hoy día ha superado las tres etapas fundamentales de un proceso de innovación:

  1. Fase de impulso: Observa tendencias e identifica una tecnología futura. En este caso, el uso de la industria como medio para eficientizar la función de batir a través del tiempo.
  2. Fase de evaluación: Idoneidad para el área específica. La batidora eléctrica se adapta sobremanera a su utilidad fundamental.
  3. Transferencia tecnológica: El proyecto se realiza en serie. A partir de su invención, la fabricación de ejemplares de batidoras aumenta día tras día.

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A modo de conclusión, podemos decir que, consideramos la batidora eléctrica como un artefacto de cocina ideal que no ha venido a establecerse como un objeto imponente y de funcionalidad exclusiva, sino más bien como un análogo de los creados previamente sin restarles importancia ni trascendencia, conviviendo en paralelo con ellos, en donde la historia, las tradiciones y la experiencia humana han sido factores relevantes para darle vida a tanto a objetos antiguos como modernos.

Propuesta Creativa

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La propuesta creativa a plantear consiste en un Rediseño del estereotipo de batidora eléctrica actual.

Con este nuevo concepto intentamos dar otra solución estética a este importante artefacto de cocina, con la finalidad de sacar del contexto histórico y tradicional el diseño que hemos visto hasta ahora.

Básicamente, nos basamos en proporcionar un artefacto innovador en los tres aspectos que hemos estudiado, incorporando elementos ya existentes, pero aportándoles otras funciones.

En la innovación tecnológica, planteamos un elemento eléctrico que también pueda ser recargable. En cuanto a técnica, la maniobra es similar a la realizada por la batidora original, pero tiene la facilidad de variar el movimiento de la manilla dependiendo de la actividad que se quiera realizar, igual con velocidad variable.

En el aspecto funcional, aportamos la opción de triturar con el cambio de manillas, es decir, en este nuevo modelo, se puede amasar, moler, batir, triturar, emulsionar y mezclar.

La innovación de diseño es la más afectada, pues aportamos una configuración de formas diferente, la cual no sigue el Aerodinamismo como estilo. También, gran parte de la carcasa es de material orgánico, a diferencia del modelo de batidora conocido, que se trata de una pieza metálica en su totalidad.

Con esta nueva propuesta, nuestro objetivo es estudiar una configuración estética diferente y estudiar la infinidad de posibilidades de diseño que puede hacerse con un mismo elemento.

Dirigimos nuestro producto a un usuario no tradicionalista, que se atreva a innovar y se permita experimentar nuevos productos.

De igual forma, buscamos crear una nueva tendencia de diseño que no se guíe únicamente por lo estético, sino también por las características funcionales del producto y la eficiencia del mismo.

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*Todos los gráficos han sido creados por la autora.
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