La comida al aire libre es sinónimo de picnic, es decir, una comida campestre que se hace para comer o merendar en el campo cuando salimos a pasear para distraernos del día a día o durante una excursión. El picnic lo componen los platos y comidas livianas, de poco peso y fácil de transportar.

La palabra picnic proviene del francés, pique-nique, que hacía referencia a los gourmands que llevaban vino a las reuniones que asistían, allá por 1.600. Dentro de la gastronomía inglesa, existe un libro llamado The Book of Household Management, publicado en 1861, donde se detallan las instrucciones para ir de picnic. Hay una lista para un picnic con 40 personas en que se mencionan los alimentos típicos para ir de picnic: pato, pollo, pastel de carne, pastel de queso… Y bebidas recomendadas como cerveza, vino tinto y brandy, además de detallar los recipientes más comunes de la época.

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exclassics.com

Dentro de la historia y en el mundo del arte, los picnic han sido retratados por numerosos artistas, dando enfoques variopintos en los que el denominador común son reuniones en las que se disfruta de una comida exquisita en el mejor marco posible: la naturaleza. La literatura tampoco ha querido olvidarse de este tema tan especial que refleja un encuentro social en plena naturaleza, con Picnic en Hanging Rock por ejemplo; en el cine igualmente encontramos escenas tan famosas la película de animación Up (2009) donde el matrimonio principal pasa un picnic en la cima de una colina mientras imaginan cómo sería el vivir en un lugar tan cerca de la naturaleza como ése, y poder disfrutar de picnics a diario.

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Picnic en hanging rock

Comemos al aire libre para desconectar de nuestra rutina, para compartir momentos acompañados de las personas que más queremos, para descubrir nuevos rincones de nuestra geografía, o simplemente para relajarnos. Comemos en compañía de forma general, y de manera esporádica podemos comer solos en un acto de reflexión.

Para comer al aire libre no necesitamos de una gran preparación, basta con una cómoda mochila o una cesta en la que transportar nuestros alimentos. Tampoco es necesario cruzar kilómetros para alcanzar esa paz de comer al aire libre, en un parque en la ciudad, donde el ruido de la gente no provoque eco, podemos aprovechar para realizar nuestra comida al aire libre.

Toyo Ito es un arquitecto japonés que construye a la arquitectura en base a experiencias, muchas de ellas con la naturaleza y relacionadas con su cultura. Como bien sabemos, en Japón el picnic se conoce como Hanami, que es una celebración en la que se realiza una comida bajo los cerezos, para literalmente, verlos y disfrutar de su floración. Toyo Ito comentaba sus experiencias vividas en esta celebración al aire libre donde el mayor disfrute no es comer en sí, sino disfrutar de la naturaleza en la mejor compañía. En Ásia los picnics se preparan en cajitas que transportan sushi o arroz de una forma cómoda y segura para disfrutar al aire libre, y el elemento clave es el mantel, el cual crea un recinto artificial abierto sobre el que comer.

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Hanami

Tanto en América del sur como en el norte, la comida al aire libre viene caracterizada por los food trucks: camiones y furgonetas que transportan menús de manera itinerante para satisfacer con comida tradicional o moderna los paladares más exigentes. Se trata de adaptaciones de bares y restaurantes con ruedas que nos dan la posibilidad de comer al aire libre comida más elaborada de la que pudiéramos llevar en un picnic. El entorno viene enmarcado por mesas y sillas que los food trucks llevan consigo para poder acomodar a las personas que acuden a comer con ellos, de manera que el recinto se diseña con la disposición de estos muebles.

Las excursiones del resto de continentes son momentos en los que comemos al aire libre por algún motivo o visita a un paraje natural. Solemos realizar picnics casuales o comidas que no necesitan de un mantel para comer. Un bocadillo y lugar en que sentarnos, pueden conformar nuestro entorno para comer.

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picnic en google

Los factores en común de los picnics son una comida ligera, sin aportar demasiado peso desde el envase, el cual debe de ser organizado y seguro para poder disponer la comida y transportarla sin miedo a que se nos pueda derramar. El modo de transportar esta comida, ya sea en mochilas o cestas, que no deben ser demasiado voluminosas o incómodas para su óptimo transporte, y finalmente el entorno, que nos puede proporcionar fácilmente la zona para comer, con sólo una disposición de rocas o ramas

sobre las que podamos apoyar nuestra comida y sobre las que podamos sentarnos. Elementos auxiliares como manteles o toallas también representan un espacio personal e itinerante, en el que al simple hecho de extender la tela, hacemos el espacio como nuestro durante el instante que dure la comida.

El entorno hace la cultura y hace la comida

A la hora de salir de picnic, lo que más nos preocupa es encontrar un lugar cómodo y accesible donde pararnos a comer. Necesitamos espacio para nosotros mismos pero también para depositar nuestra comida sin que esta sufra ningún derrame accidental. Es difícil salir de excursión a la montaña y hallar alguna piedra sobre la que poder acomodarnos, inclusive encontrar un banco vacío en el parque que hay al otro lado de la ciudad. A pesar de que salimos a la naturaleza, siempre nos gusta estar cómodos y aunque no estemos en casa, buscamos la forma de acomodarnos de la mejor manera posible. La propuesta motivada para resolver este conflicto sería la de crear espacios para hacer picnics que se adapten tanto a las culturas y ambientes, como diseñar elementos que puedan estar tanto en lugares para hacer picnics como otros en los que no sea común hacerlo, pero que nos inviten a ello.

Para desarrollar esta propuesta escogemos el denominador común que vemos al salir de picnic en los lugares públicos: bancos y mesas en las que comer, los cuales están a las orillas de los caminos o en lugares específicos para detener nuestra marcha y recargar pilas con una buena comida al aire libre. En este caso también podemos incluir los bancos que hay en los parques, que a pesar de no ser expresamente para que comamos, también nos proporcionan un lugar relativamente cómodo para que pasemos un rato de tranquilidad y en el que podamos inclusive comer.

Partimos de esta idea común para modernizarla y hacerla más presente en la geografía natural. En primer lugar imaginamos los materiales, los cuales deben de ser adecuados al ambiente para no desentonar con él, siendo parte del mismo. Escogeremos la piedra y la madera para recuperar un aspecto natural y relacionarlo directamente con la comida al aire libre; descartamos totalmente el metal, ya que éste es más susceptible a cambios de temperatura, por ejemplo alcanzando unas temperaturas muy extremas en verano que nos podrían provocar quemaduras.

Los resultados obtenidos nos muestran una serie de elementos hechos de piedra que podrían verse por los propios parques, pero más destinados a caminos de montaña y lugares inhóspitos donde poder quedarnos a comer con tranquilidad y encontrando un lugar acogedor. Serían mesas sacadas de cubos de piedra con huecos sobre su superficie en los que podamos colocar nuestros platos, inclusive un hueco más pequeño para vasos, en los que nos sintamos como en casa a la hora de quedarnos a comer en la naturaleza, sin temer de no encontrar un lugar cómodo y seguro para depositar nuestra bebida de igual modo. Y la propuesta final sería esta:

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