Partiendo de dos iconos del diseño español dentro del ámbito de la gastronomía, la aceitera-vinagrera Marquina y el Botijo La Siesta, vamos a analizar las claves de estos dos elementos, tratando de sintetizar lo que hace de ellos objetos tan especiales. Estas dos piezas que hoy son objetos de culto para muchos diseñadores tienen elementos en común y contrapuestos.

ACEITERA MARQUINA

La aceitera Marquina simboliza para mí una de las grandes maravillas que ha dado a luz el diseño industrial. Fue diseñada por Rafael Marquina (diseñador, arquitecto y escultor catalán) en el año 1961. Este diseño ha obtenido varios premios y actualmente es uno de los productos más emblemáticos del diseño español a nivel internacional. La solución magistral que supone su ingenioso sistema antigoteo se basa en una doble forma cónica, la cual también actúa como asa. Su base ancha asegura su estabilidad y seguridad.

“Rafael Marquina ganó el primer premio Delta de Oro de la historia con unas aceiteras-vinagreras creadas en 1960 para responder a un problema muy común en este tipo de artilugios: el goteo del aceite. La solución pasó por unas formas cercanas a las del laboratorio. Las piezas son autónomas, sin asas ni elementos añadidos a la forma, pura y simple, del objeto. Objeto que, por cierto, eclipsó el resto de sus trabajos y otras labores en el campo del interiorismo.”

 

Rosalía Torrent y Joan M. Marin, Historia del diseño industrial

Este diseño es la contraposición de muchísimos conceptos. Principalmente, el aceite de oliva es uno de los productos más valiosos, con mayor tradición en España y que podemos considerar como una seña de identidad.

BOTIJO LA SIESTA

El botijo La Siesta es otro ejemplo que al igual que le aceitera Marquina, reinventa otro elemento típico de la cultura española. Sin embargo, al contrario que con la aceitera, en este caso el elemento que es seña de identidad es el propio envase, el propio elemento reinventado y no lo que contiene (que a su vez es lo más universal que existe)

Este botijo en concreto está realizado por los diseñadores Alberto Martínez (quien más tarde fundaría el hoy famoso estudio CuldeSac), Héctor Serrano, y Raky Martínez. Tiene las dimensiones de una botella de agua y está realizado a mano según técnicas tradicionales con terracota blanca Mediterránea. Nació cuando estos 3 estudiantes españoles de la costa de levante, estaban estudiando el prestigioso master de diseño de Royal College of Art en Londres y tuvieron que crear un proyecto que aunara lo tradicional y lo contemporáneo. En este caso hablamos por de un diseño que ronda el año 2000.

A continuación voy a exponer las reflexiones en las que creo más interesante ahondar y comparar:

Repetido <> Único

Una aceitera es algo que lleva existiendo desde que existe el aceite de oliva, pero a su vez este modelo se sale de todo lo realizado anteriormente. A su vez, el propio diseño podría recordarnos a las probetas de laboratorio que raramente se habían asociado con la idea de la cocina.

El botijo como tal es un artilugio con milenios de historia. El tamaño del Botijo La Siesta lo hace verdaderamente utilizable por cualquiera en cualquier momento, mientras que un botijo convencional es mucho más complicado debido a su tamaño y por tanto, la cantidad de agua que almacena dentro. La fuente de inspiración es por otra parte la botella de agua de plástico que todos conocemos.

De esta forma, volvemos a tener algo que siendo absolutamente innovador dentro del mundo de los botijos construidos hasta ahora gracias a tomar elementos absolutamente normales y repetidos en las botellas de plástico.

De esta observación, mi reflexión es la siguiente: ¿puede que parte del éxito de se deba a la mímesis con un elemento externo, ajeno? En el caso de la aceitera es mucho más lejano pensar en el matraz, pero en el caso del botijo es más cercano dado que ambos son contenedores de agua.

 

Ornamental <> Sobrio

El diseño de la aceitera consta de dos piezas, la parte superior que es la que funciona como tapón y por donde sale el aceite y el recipiente en sí, unidos por la parte interior del vidrio que se encuentra mecanizada y que produce un rozamiento por el cual no se deslizan las dos partes entre sí. El resultado final es insultantemente elegante y sofisticado. Podría encajarse tal vez en el diseño futurista de los años 60 y sin embargo hoy en día sigue llamando la atención la elegancia y a la vez la sencillez de sus líneas

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Boceto de aceitera Marquina

La forma del botijo podría decirse que es el tamaño de una botella de agua de plástico, realizada en barro y coronada por los elementos cotidianos del botijo. Podría decirse que las líneas de la parte inferior son en parte ornamento, si bien es cierto que cumplen a la perfección con la misma misión que tienen en las botellas de plástico: mejorar el agarre y la tracción de las mismas. También proporcionan otra gran ventaja, y es el aumento de superficie a través de la cual el botijo “suda”, favoreciendo la evaporación del agua de su interior y provocando que se enfríe más rápidamente.

Hablamos por tanto de que ninguno de los dos diseños cuenta con ningún elemento más de los indispensables, llegando incluso a lo minimalista. ¿Es un claro ingrediente en un buen diseño? Ambos poseen mejoras significativas y son estéticamente atractivos a nuestros ojos, pero ninguno de ellos encierra nada bajo la ornamentación. A simple vista se ve todo lo que son y el resultado es claro y conciso, sin perderse en elementos incomprensibles.

Arte <> Diseño

Debido a quien es su creador, es relativamente claro que la aceitera se debería encuadrar dentro del diseño, pero desde mi humilde punto de vista la perfección de dicho objeto (tanto a nivel visual como a nivel funcional) convierten a cada una de las millones de copias repartidas por tantísimos hogares, locales de restauración etc en obras de arte.

El botijo, paradójicamente, no nació en España. Sus creadores eran estudiantes de un master y rondaban los 23 años. El diseño se realizó como un trabajo dirigido en el marco de unos estudios de postgrado que estaban realizando en Londres, por lo que intentaron plasmar en su trabajo su sentimiento de añoranza de su país.

Ambos tienen en su resultado final tienen un elemento diferenciador. Mientras que la aceitera se encuentra en muchísimos hogares cumpliendo la función para la que fue concebida, muy pocas casas cuentan con este botijo, y en muchas de ellas han pasado a convertirse en un elemento de exposición fuera de su entorno natural (y puede que la gran mayoría ni siquiera hayan llegado a contener agua). Son elementos que pasan a ser de exposición en vez de uso, al igual que lo puede ser el JuiciSalif producido por Alessi de PhilippeStarck, aunque este realmente no llega a cumplir su función tal y como su propio creador dijo en una célebre frase.

Artesanía<>Industria

Desde el primer momento la aceitera nace con todos las premisas que en principio podemos suponer de un buen diseño: fácilmente reproducible, del que se pueden realizar perfectamente una producción a gran escala a un precio moderado. Es un elemento claramente industrial, no hay nada dentro de él que pueda llevarnos a pensar en la artesanía.

Sin embargo, el botijo es un elemento que se realiza artesanalmente, y de hecho es una de las cosas a las que Gandía Blasco (actual comercializador del botijo) hace hincapié como atractivo del mismo, bajo el aviso de que al realizarse por este proceso no hay dos piezas iguales.

Aquí tenemos dos visiones completamente distintas. Un elemento realizado mediante procesos industriales y otro hecho a mano. En este caso cabría preguntarse, ¿realmente aporta algo actualmente la fabricación artesanal? ¿Hace que las producciones sean más limitadas y por tanto exclusivas?

Anónimo<>Autor

La aceitera original de Rafael Marquinahoy es comercializada por la empresa Mobles 114, y es la única que cuenta con el beneplácito del diseñador. Su aceitera ha sido objeto de plagio durante muchísimos años. Si bien es cierto que gracias a eso hoy tenemos en muchísimos lugares a nuestro alcance, también provoca una copia descontrolada del diseño y en algunas ocasiones los plagios hacen peligrar lo que el propio diseño y el proceso creativo significan.

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Aceitera Marquina frente a sus copias

Hoy en día muchas personas probablemente usen este objeto sin saber lo que significa, y ciertamente el éxito de su forma y uso también de alguna manera contribuyen a que el desarrollador del producto caiga de alguna forma en el olvido.

Por otra parte, los tres autores del botijo comercializaron su obra primeramente a través de La Mediterránea desde 2001 y posteriormente gracias a Gandía Blasco. Por tanto, siempre se ha realizado mediante firmas importantes del diseño español. Hoy en día se puede adquirir directamente a través de internet, su precio ronda los 70€.

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